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The Cure: Una venganza de 9 minutos que culminó al grito de "¡Fuck Robert Palmer, fuck rock ‘n roll!"

El equipo del cantante inglés también se tomó la revancha



The Cure: Cuando la Venganza Se Sirve Fría... Y Dura Nueve Minutos


¡Ah, la dulce sinfonía del rock and roll! Un mundo de egos gigantes, guitarras distorsionadas y, aparentemente, roadies muy, muy territoriales. Parece que en 1981, en el Rock Werchter de Bélgica, The Cure nos regaló no solo una actuación memorable, sino también la clase magistral definitiva sobre cómo tomarse una venganza con estilo... ¡y con eco!

Resulta que Robert Palmer, que era más impaciente que un niño en Nochebuena, tenía la agenda tan apretada que su equipo decidió "sugerir" a Robert Smith y compañía que se dieran prisa. Y por "sugerir", me refiero a presionar y "amenazar". Porque, claro, ¿qué mejor manera de motivar a una banda con la que compartes cartel que diciéndoles que dejen de tocar? ¡Pura diplomacia rockera!

Pero The Cure, que nunca han sido de los que se rinden fácilmente (especialmente cuando se trata de su tiempo en el escenario), pensaron: "¿Así que quieres que acortemos? ¡Pues te vamos a alargar la espera tanto que vas a empezar a ver unicornios góticos!". Y así fue como su épica 'A Forest' se transformó en una versión de nueve minutos. Nueve gloriosos minutos de "Aquí estamos, aquí seguimos, y no nos vamos a mover hasta que nos dé la gana". Es el equivalente musical a un niño pequeño diciendo "no" mil veces.

Y por si la prolongación no fuera suficientemente clara, el genio de Simon Gallup decidió ponerle la guinda al pastel con un elegante y poético: "¡Qué jodan a Robert Palmer y que jodan al rock'n'roll!" Un aplauso a la sutileza, chicos. ¡Directos al grano! Imagino a Robert Palmer detrás del escenario, viendo su reloj y a la vez escuchando esa declaración de amor... digo, de odio eterno.

La consecuencia, por supuesto, fue que los roadies de Palmer, con la delicadeza que los caracteriza, "reubicaron" todo el equipo de The Cure lanzándolo al backstage. ¡Porque nada dice "profesionalismo" como una buena rabieta con equipo ajeno!

En fin, una lección de historia del rock que nos enseña que, a veces, la mejor respuesta a la prepotencia no es un puñetazo, sino una canción alargada y un grito catártico. ¿Quién dijo que el rock'n'roll no era educativo?

¿Qué te parece la idea de que los músicos deberían llevar siempre un cronómetro y un diccionario de insultos para estas ocasiones?

 
 
 

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